.Paula.
domingo, 13 de febrero de 2011
Un pie y después otro. Clavo mi mirada abajo. Vacio. Todo lo que hay, es un enorme vacio de un sinfín de emociones. Levanto la vista hacia el horizonte, y delante mio, una gran red de edificios conectados por pequeñas callejuelas no visibles desde tan alta posición. Veo miles de azoteas y techos. Sopla el viento. Un viento cálido, suave. Un viento del sur. Me permito cerrar los ojos después de subir a pie las escaleras que me conducen hasta aquí. Respiro, lenta y profundamente. Dejo que cada una de las moleculas de aire, pasen a ser parte de mi. Noto el aire caliente. Entra. Y sale y con el aire, la sensación de rencor se va, y también el odio, y la tristeza. Sonrio. Es un momento bastante macabro para ser feliz, pues sé lo que viene después de esto. Un salto al vacio, a la nada. Un escalofrío me recorre. Pero no me hecho atras. No hay nada que me retenga aquí. Total, ¿para qué? Abro los ojos. Y ante mi, el mundo, que poco a poco se va desvaneciendo. La luz del sol se va ocultando, llega el final del dia, que por suerte o por desgracia, me arrastra a mi también. Tomo aire, y sonrio por ultima vez. Y ahora sé lo que he de hacer. Y tan segura y firme, con una sonrisa pintada en mi cara, lo hago. Un pie, y ahora el otro. Y después, el vacio.
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