.Paula.

lunes, 3 de enero de 2011

ah.

Campo de batalla.
Cientos de guerreros vestidos con monos de camuflaje bailan la dana del peligro al son del sonido de tiros y bombas.
Miles de personas corrientes, heridas y después de un largo e interminable tiempo de sufrimiento deciden agachar la cabeza ante el dolor y acabar su lucha personal contra el dolor.
Muerte. Gritos.
Y yo, que hago en esta guerra? yo no elegí estar aquí, sin embargo, miro hacia abajo y me encuentro vestida con el mismo mono verdecino que los soldados. Y en mi mano un tensante peso me indica que voy armada. Lagrimas caen de mis ojos. No elegí estar aquí, pero el tiempo, me ha traido ha librar una guerra.
Gritos. Voces conocidas resuenan detrás mio.
Me vuelvo, y veo un rostro hundido en dolor. Es mi hermano. Él sufre. Herido por la guerra. Tomo partido de esto? Cargo mi arma, y me dispongo a empezar. Aun no sé a quien debo destruir. No sé que tipo de monstruo es capaz de herir a un simple niño, pero cuando lo vea, sabré que es él. estirada en el suelo, detras de un pequeño turón, observo por el objetivo. Sufrimiento, llanto. Personas desesperadas que abrazan seres queridos. Y entre el polvo, un cuerpo oscuro se pasea como si nada de lo que estaba pasando le afectara, con una sonrisa felina i los ojos en mi dirección. Me tensé. Todo mi cuerpo rigido. Él.

La guerra no es buena nunca. Porque siempre hay muerte, dolor y sufrimiento.

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