De estas calles que ahondan el poniente,una habrá (no sé cuál) que he recorridoya por última vez, indiferentey sin adivinarlo, sometidoa quién prefiera omnipotentes normasy una secreta y rígida medidaa las sombras, los sueños y las formasque destejen y tejen esta vida.Si para todo hay término y hay tasay última vez y nunca más y olvido¿quién nos dirá de quién, en esta casa,sin saberlo, nos hemos despedido?Tras el cristal ya gris la noche cesay del alto de libros que una truncasombra dilatada por la vaga mesa,alguno habrá que no leeremos nunca.Hay en el sur más de un portón gastadocon sus jarrones de mamposteríay tunas, que a mi paso está vedadocomo si fuera una litografía.Para siempre cerraste alguna puertay hay un espejo que se aguarda en vano;la encrucijada te parece abiertay la vigila, cuadrifronte, Jano.Hay, entre todas tus memorias, unaque se ha perdido irreparablemente;no te verán bajar a aquella fuenteni el blanco sol ni la amarilla luna.No volverá tu voz a lo que el persadijo en su lengua de aves y de rosas,cuando el ocaso, ante la luz dispersa,quieras decir inolvidables cosas.¿Y el incesante Ródano y el lago,todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?Tan perdido estará como Cartagoque con fuego y con sal borró el latino.Creo en el alba oír un atareadorumor de multitudes que se alejan;son los que me han querido y olvidado;espacio y tiempo y Borges ya me dejan.Jorge Luis Borges
De estas calles que ahondan el poniente,
ResponderEliminaruna habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido
a quién prefiera omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.
Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?
Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilatada por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.
Hay en el sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.
Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que se aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifronte, Jano.
Hay, entre todas tus memorias, una
que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.
No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando el ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.
¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.
Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son los que me han querido y olvidado;
espacio y tiempo y Borges ya me dejan.
Jorge Luis Borges